miércoles, 8 de agosto de 2012

Don Rafael Ruiz, un cura de mi pueblo


Carroza funeraria de Villa Alegre. La han usado todos lo smuertos del pueblo por generaciones.


Don Rafael Ruiz, cura párroco de Villa Alegre, fue quien bendijo mi matrimonio y bautizó a varios de mis hijos.  La parroquia estaba en bastante decadencia espiritual luego de la atención del cura que organizó el CongresoEucarístico y que no se caracterizaba por ser demasiado apegado a las normas de su misión.  

Contaba el señor Ruiz que, recién ordenado, había sido destinado a una antigua parroquia de campo situada en la Ruta de los Jesuitas donde se mantenían diversas tradiciones religiosas ya obsoletas.

Cierto día los deudos llegaron a contratar el funeral de un principal del pueblo y le pidieron encarecidamente que debía ser 'con encuentre y con endilgue’. 

Confundido, seguramente que buscó en sus libros que ceremonia podría ser aquella y no encontró dato alguno, entonces humildemente decidió pedirle informes al sacristán que al parecer veía con bastante superioridad a este curita recién emplumado y contestó ‘¿cómo no va a saber su mercé lo que’s encuentre y endilgue?  Usté tiene que salir con los paramentos a encontrar al muerto y luego de la misa endilgarlo hasta que llegue al cementerio.

Entre las obras del señor Ruiz se recuerda que levantó el nivel de piedad de sus feligreses; logró formar un hermoso coro de niñas, entre las que destacaba especialmente una chica que, pese a que nació antes de tiempo, hoy tal vez podría ser tan buena o mejor que Verónica Villarroel, cantante lírica chilena.

"Cola de mono" fracasado


También se le llama "ponche en leche"


Cierta navidad mi papá decidió que había que festejar con cola de mono, especie de ronpón con café, vainilla, azúcar, leche y aguardiente.

Como las vacas de nuestra propiedad pastaban lejos de donde vivíamos y el mozo no era un prodigio de agilidad, entre arrearlas, amarrarlas, apartar el ternero, ordeñarlas y acarrear los lecheros hasta el pueblo en pleno calor de diciembre en este lado del mundo, presentaba bastante riesgo sanitario pues se "cortaba" (agriaba) fácilmente y ese día pasó como no había sucedido hacía mucho tiempo.

Estábamos almorzando en el comedor de verano que se instalaba bajo la inmensa higuera que había en el patio, cuando llega una empleada muerta de la risa parándose con las piernas cruzadas una sobre la otra mientras se afirmaba en el tronco del árbol y con voz fuerte y clara anunciaba:  _Ssssseee le jodioooo el ponshe en lessssheeeee.  Se le había avinagrado la leche y por propia iniciativa ella se tomó el aguardiente.

En beneficio de la paz navideña no se trae a cuento la furia de Olito, mi padre.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Congreso Eucarístico en mi Pueblo


Congreso Eucarístico
Irma Rodríguez Nuss
Octubre 2011

In illo tempore, a raíz del gran congreso eucarístico de más o menos los años 40 ó 41, por la época en que murió don Pedro Aguirre Cerda, hubo una verdadera fiebre congresal, así es que el párroco decidió que nuestro pueblo no tenía por qué ser menos que Talca o Linares y organizó el de Villa Alegre.

Como primera medida, se citó a los notables, en general de escasa asistencia a misa, pero bien dispuestos a colaborar con medios que contribuyeran a conseguir un espacio celestial cuando arribaran donde san Pedro. De la lechería de los Noguera, llegaron quesos, mantequilla y leche, por supuesto don Pepe Diéguez aseguró el pan y el ex-alcalde Serafín Gutiérrez ofreció casa y atención para obispos y sacerdotes. El vino no era problema, asi es que con las necesidades del cuerpo solucionadas, se podía empezar a pensar en las del espíritu.

Se hicieron diversas comisiones cuyas presidencias exigieron un delicado equilibrio en la importancia de los candidatos, exigiendo al Párroco acudir a toda la diplomacia vaticana para evitar un temprano aborto de la convocatoria.

Mamá desempolvó su pergamino de concertista y le fue adjudicado sin oponentes el honor de sacar las melodías que pudiese de un vetusto armonio que de acuerdo a sus venerables años padecía de renguera, tablas sueltas, ahogos, flatulencias y un asma incontrolable.

Para engalanar los arcos de bienvenida, las palmeras pagaron su tributo quedando como plumero viejo.

Notable era la oposición formada por el boticario ateo, un socialista declaradamente agnóstico y un empleado público radical y masón, de cuyas casas siempre salía olor a azufre y más de una vez se había visto la sombra de un macho cabrio, según aseguraba doña Emeteria, hábil rezadora, impagable en velorios de angelitos* o adultos. Estos avistamientos eran puestos en duda por muchachones, nietos de Judas, quienes juraban que se producían al regreso de los mejores velorios donde se le prodigaba la atención debida a su garganta pra que no fallara en las encomendaciones.

Los herejes vaticinaban un estrepitoso fracaso, mas, para su vergüenza, todo fue resultando muy bien; las viejas rezadoras se lucieron con las antiguas plegarias y peticiones; las procesiones mantuvieron un orden encomiable ya que se acató la orden “de una sola caña” para entonar el cuerpo.  Se presentaron varias ideas para mantener las buenas costumbres. Mi hermana Sylvia se lució con una moción que sugería que las jóvenes católicas debían actuar en sociedad ejemplificando con su buen juicio y piedad, idea que no todos aprobaron pues eran de opinión de que las niñas solteras debían ser de su casa sin distracciones mundanas que podían inducirlas al pecado.

Para la misa de clausura se había comprometido la asistencia del obispo de Talca, monseñor, Manuel Larraín Errázuriz, de abolengo, cultura e inteligencia extraordinarias. Ignoro si era incapaz de apreciar la buena voluntad, o por último la situaciones jocosas, pero recuerdo a mamá de lo más inspirada tocando, entre jadeos y estertores del armonio, el adagio del Claro de Luna, cuando el obispo imperiosamente le dijo: _¡Pare! Es que la música era profana y él lo sabía.... ¿Se revolcará en su tumba don Manuel oyendo el tamboreo y huifa actuales?

Pasó el congreso, las pocas viejas que iban a misa diaria lo siguieron haciendo, al igual que los que no íbamos nunca; el arpa, momentáneamente desterrada del salón del cura volvió a su mundano rincón; las hojas de palma tuvieron una última y feliz actuación al barrer las calles del pueblo por los borrachos que había caído presos y se les sometía al escarnio público.

Y en su debido momento, cuando les llegó su hora, el masón, el boticario y el socialista llamaron al párroco y se fueron confesados, con el escapulario en el pecho, como debe ser, y luego del velorio de sus casas doña Emeteria vió huir un enorme y misterioso perro negro.....

Día de Perdices


Cuadro de Miguel Sosa

Día de perdices.
A mi hermana Quecha, con cariño.

Cumplir el antojo de comer las exquisitas perdices “a la española” que preparaba nuestra madre era motivo de diversos ritos y no pocos gritos.

Ni bien inaugurada la temporada de caza, el macho proveedor sacaba de su hermosa caja de suela la exclusiva escopeta de doble cañón de Saint Etienne, Francia, además de un pringoso maletín de reno donde se guardaban mechas, cepillos atornillables, baquetas y aceite. Parecía karma del piano de mamá de ser el único lugar adecuado para poner el famoso maletín con el consiguiente soponcio y furia de la fémina custodia del hogar.

Luego de limpiar y aceitar debidamente el arma se procedía a preparar los cartuchos que eran fabricados por nuestro padre -con la espectante cooperación nuestra- con  grueso cartón rojo con base de bronce donde iba el fulminante. La pólvora venía envasada en unas llamativas botellas de lata color rojo y que de acuerdo a la idílica inocencia de esa época prácticamente eran de libre venta pues sólo había que firmar en un libro consignando su destino. Se la medía, al igual que las municiones, con una especie de dedal y se apretaba el tapón con una prensita especial. Con la debida pompa y respeto se colocaban los tiros en una canana de suela que en su sagrado momento el Tartarín de Tarascón cruzaría sobre su pecho, adquiriendo una prestancia digna de figurar en el panteón de los íconos de la Revolución Mexicana.

Es sabido que bajo ninguna circunstancia se debe descuidar el cuerpo y , para no pasar necesidades, un gentil morral ofrecía sus sevicios: pollo fiambre, huevos duros, charqui y aceitunas se codeaban con un par de botellones por si daba sed.

Con la lógica de esa época, ningún caballero hubiese pensado en cargar un morral, por más prometedor que fuese, así es que debía acompañarse de un espolique bien dispuesto a quien la salida le significaba ganarse el día aliviadamente, compartiendo vituallas y algún poco de vino ya que se cuidaba mucho la temperancia del sirviente.

El día anterior se amarraba al perro perdiguero que generalmente andaba enamorado y sin remordimiento hacía total abandono de sus deberes. Y así, con todos los frentes cubiertos, al rayar el sol, partían los monteros.

Como a las cinco de la tarde regresaban con las perdices en el morral, las viandas desaparecidas y con el vino trasegado, iniciándose el capítulo casero.

Se destripaba a las aves dejándolas colgadas de las patas en la despensa, por un par de días. Luego se pelaban y las plumas más finas iban a parar a una barrica destinada a juntarlas para un hipotético y nonato plumón.

Cuando mamá entraba a la cocina, comenzaban los tiritones de las empleadas pues generalmente ella se limitaba a disponer el menú diario metiéndose con ollas y peroles únicamente para cocinar platos finos, no recuerdo cazuelas o porotos salidos de su mano. Cuando llegaron las vacas famélicas (las flacas hubieran sido de exposición), ayudaba a Julia la borrachina empleada de antología, a ser unas exquisitas empanadas porque salían muy económicas para atender a hijos y nietos.

Volviendo a las perdices, se aliñaban y se picaban cebollas, zanahorias y pimiento morrón, dejándose en adobo hasta el día siguiente. Muy temprano se ponían en un rincón de la cocina a leña para que hirviesen muy lentamente a fin que el aceite impregnara bien la pechuga que es muy seca.

Mamá, con las velas desplegadas, daba periódicas vueltas a revisar el cumplimiento de sus órdenes, y ¡guay! si la olla estaba dando un borbollón más entusiasta de lo permitido, ese crimen de lesa majestad de permitir que una olla “hirviese a todo galope” ameritaba una andanada de cañonazos verbales que hubiesen dominado una batalla.

Al día sigueinte, reposadas y frías se servía las aves en cuidadoso reparto, procurando que todos tocásemos un trozo de pechuga, la que generalmente traía de sorpresa una munición que ponía a prueba la calidad y firmeza de diantes y muelas.

Y ahí estaba el epílogo de tanta labor, uan mesa bien dispuesta, el pater familiae con una porción mayor, cumplido su rol ancestral de macho proveedor, la madre cuidando de la prole y el perro feliz con su comida de huesitos tiernos asegurada.


Irma Rodríguez Nuss
Villa Alegre, primavera de 2011

viernes, 25 de marzo de 2011

Sacando pica. Fiesta de san Francisco en Huerta del Maule 2010

Hola-hola. Aquí se reporta la ciberbisabuela luego de la expedición-romería a San Francisco de la Huerta de Maule. Al único que le duró el entusiasmo despertado hace un año fue a René que se programó dejando un par de días libres. 

Partimos en una micro a San Javier y ahí nos encaramamos en un vetusto dinosaurio que nos llevó ronroneando por cuestas y cerros.

El terremoto de 2010 agotó en forma despiadada a esa zona. Por acá las murallas cayeron hacia afuera pero allá se hundieron los techos disparando tejas y muros hacia el interior. Este tipo de daño permite ver la antigua manera de construir. Los tejados estaban apoyados en zarandas de coligüe y las murallas que no eran de adobe de soga eran de tabique de ramas entretejidas y rellenas con paja y barro. Este tipo de trabajo debe ser del tiempo de los españoles pues en Costa Rica vi unas casas viejas que mostraban sus costillas del mismo tipo. Quecha me informó que este tipo de construcción se llama bahareque.

La pena más grande es que con eta catástrofe, estos pueblos –reliquias que pierden su fisonomía y espíritu pues no hay medios –ni interés- en reconstruirlos manteniendo su estilo, y desgraciadamente veremos proliferar las casucas adocenadas del subsidio y las ventanas de aluminio en las de los “ricos” del pueblo.

Bueno – a lo nuestro- llegamos al final de la misa oficiada por nuestro gigantesco obispo, con el que no hay por donde perderse. Luego empezó la procesión con las cantoras llevadas en un furgón con altavoces. Son bastante mayores pero cantan con ganas con voces muy atipladas. Ya había comentado que son canciones antiguas especialmente dedicadas al santo, con mención a la Huerta y su gente. 

Lo impagable es el desfile de huasos ¡qué belleza! ¡qué apostura de hombres! si bien no corresponde a cánones estéticos establecidos, su presencia y galanura les hace bellos. Todos con sus mejores galas, el pelaje de sus caballos serviría para réclame de champú, la tusa recién cortada y la cola desenredada y peinada, y sus aperos, vesturario y chamantos son un goce para los ojos y el espíritu.

Entre tanto caballo andaba una linda mula mulata aparejada con un par de barrilitos, pensé que eran para invocar la bendición, del santo para los viñedos, pero estaba dedicada a menesteres absolutamente terrenos, era la provisión de chicha para las autoridades. 

También iba un señor bastante mayor franqueado por dos lindas muchachas (con tipo de nietas, nada pecaminoso) en un muy bien conservado coche liviano tirado por un caballo de color blanco, perfecto. Previsoramente tenía un par de damajuanas de chicha que repartía generoso en unos cachitos como de 10 cm y que por supuesto el tenía que hacer el brindis con otro cachito no tan mínimo.

“La autoridás” había decidido prohibir el paso al galope para “el homenaje” por la precariedad de los muros que aun se mantienen en pie y el golpe de los cascos de tanto caballo podría provocar derrumbes. Primero pasaron muy modositos al tranco y como de costumbre se descubrían al pasar frente a la imagen, llevando sus sombreros al pecho. En esto diviso un tumulto por mediados de la plaza y le dije a René, no me digas que ya empezaron a topear, actividad usual cuanto los tragos llegan bajo el sombrero. Nada de eso, sino que arranca un muchachón a uña de caballo entre los gritos de aliento de la gente a quien defraudaba el incumplimiento de ese ceremonial y de atrás  le siguen todos a lo que da la rienda, disparando tierra, pedruscos y bostas para todos lados. Imaginen una carrera tendida entre por lo menos 300 jinetes. Cuando iban tras el santo, los conté y eran más de 400.
Es un espectáculo único y es un privilegio asistir.

Especial mención para la chochera de los papás –vieran la preciosidad de mini huasos- hasta con perneras con flecos! Recordaba a mi hermano Patricio a quien mi padre le hizo confeccionar un perfecto equipo.

No sé si será patriotismo barato o blandura senescente pero no puedo dejar de sentir orgullo cuando veo a los carabineros. Para la fiesta envían refuerzos de otras comisarías y pese a que los dueños de casa son fácilmente identificables por su rosadito de bon vivant, su silueta con más tendencia a la curva que a la recta, todos igualados en el esmero de su presentación personal y actitud deferente. Mayor placer es saber que por estos lados aun actúan por presencia pues se les respeta.

Luego de tanto goce estético y espiritual, había que atender las demandas del cuerpo y salimos a ventear un lugar autóctono que diese garantías de carnes de inocentes lechones y no de carneros que hubiesen andado tras las ovejas con inconfesables intenciones como podría suceder en las ramadas oficiales atendidas por concesionarios profesionales. No falló el olfato, en el patio de una casa, en una inmensa parrilla, rechinaban suculentos trozos de lechón y vacuno para recreo de vista, olfato y paladar.

Resumiendo: asado con ensalada, pan, pebre y una botella de tinto del lugar (no hay que descuidar los flavonoides) $4.000 c/u más $1.000 de propina con que nos granjeamos la emocionada gratitud de Rosita quien nos atendió, quedando conquistada para este otro año si Dios no dispone otra cosa para mí.

Ha sido una hermosa jornada, de costo mínimo ($2.200 en pasajes por c/u), feliz de haberla disfrutado y lamentando no compartirla con más familiares. Regresamos a muy buena hora trayendo hermosos recuerdos perfumados con un leve airecillo de bosta de caballo.

Y así La Huerta de Maule vuelve a su colonial siesta para despertar el 4-X del año próximo donde volverá a lucir tal como lo hace desde más de 150 años.

Unidad Popular II, desabastecimiento de artículos básicos

A poco correr empezaron los problemas gordos, se requisaron fábrica e industrias, se conoció el desabastecimiento, las colas y la exaltación de gentuza que se veía y sentía con poderes absolutos. Pretendieron sectorizar a la gente, por barrios y manzanas para controlarlas con los víveres, ponían a delegados a su cargo y como las siglas eran JAP (Junta de Abastecimiento Popular), se les decía japientos o japuchentos. El delegado de la manzana nuestra era un conocido y me dio una cartilla de racionamiento por tres kilos de pan, como les dijera que yo no compraba tanto, me dijo “no importa porque pues cuando no haya para esa cantidad, usted tendrá seguro lo necesario”

Se compraba lo que se pillaba, dándose el absurdo de acaparar menestras en cantidades que jamás se habían comprado en tiempos normales. A Iván no le gustaba el arroz así es que a lo sumo gastaría un par de kilos al mes; al final de la pesadilla upeste tenía un saco de ¡80 kilos! El trueque era corriente y quien tuviese artículos de primera necesidad, tenía asegurado su bienestar.

Muy problemático era criar niños; toda la parentela se dedicaba a juntar leche y alimentos para mi hija mayor que tenía recién nacido a B. Los pañales era otra historia, habían intervenido la textil Viña que eran los únicos fabricantes de pañales de gasa y las fábricas de Hirmas o Yarur ya no funcionaban para fabricar lienzo. Como se pasaban en reunión de comité planificando la “nueva economía del pueblo”, este se sentía gerente dueño de la fábrica y no tenía para qué trabajar.

La gente hacía colas frente a las panaderías o almacenes durante toda  la noche. Llegaban varios integrantes de una familia para asegurarse el abastecimiento y lo que les sobraba, lo trocaban o vendían. Había "profesionales de las colas" delimitando espacios con una vara  larga que ocupaba varios lugares en las filas que luego vendían a quien no quisiese o pudiese hacer la cola. 

Como es muy del espíritu del chileno, luego se establecía una alegre complicidad y brotaban la puyas contra los “termocéfalos” (así se les decía) que nos gobernaban. Cuando mi marido iba a ver a mi hija, llevaba de regalo…. ¡una maleta con pan!

Había momentos de jolgorio y muchos de franco y amargo heroísmo. No puedo dejar de recordar la llegada a protestar de los mineros a la Alameda. Era un día de lluvia y ahí se venían esos hombres recios y machotes en el mejor sentido, caminando desde Rancagua, arriesgando vida, salud y trabajo, tratando de hacer entender al borrachín que era el Presidente Allende, que el pueble no estaba con su camarilla. Al desoír al chileno auténtico, Allende empezó a caminar hacia su fin.

Un día al amanecer estaba en la cola del pan (pese a la tarjeta JAP había que hacerla) y pasó un camión que llevaba tres o cuatro hombres de pasajeros y empiezan a gritar ¿no les gustó votar por Allende, viejas de mierda? Ahora aguanten! Y en esto quedan en pana y sale la poblada de mujeres a cobrarles el insulto. Ni supieron como saltaron del camión sacándolo en volandas; para su fortuna, la calle tenia un fuerte desnivel así es que luego tomó velocidad y desapareció del alcance de las furiosas damas.

Más o menos el 20 de agosto hubo un mitin de mujeres frente a la Universidad Católica y fuimos las cuatro de la casa, bien armadas por si acaso, una de las niñas llevaba un cable de centralilla telefónica terminado en una clavija de acero y en mi cartera llevaba un ladrillo. Quedamos convenidas que en caso de “guanaqueo” (carros lanza-aguas) arrancaríamos a la casa de unos parientes cercanos del lugar. Con pena recuerdo que un grito de guerra era “Allende, proceda, imite a Balmaceda”. Lejos estábamos de suponer que al mes siguiente sería una triste realidad.

Cuando íbamos a la reunión, una señora anciana y muy modesta preguntó al chofer si pasaba por la Católica y cuando se sentó, unos muchachones empezaron a decir en alta voz que iban a darle la fleta a todas las viejas de la reunión; entonces, la Sra., con una dignidad impensada, se volvió a ellos y les dijo:”Sí, usted me puede pegar porque es hombre y yo soy vieja, pero cuando lo haga, piense que otro le pega a su abuelita que le daba pancito y le enseñó a rezar”. Ahí mismo tuvieron la decencia de bajarse.

En ese tiempo lo que iba a ser el metro era un canal abierto donde no se avanzó ni medio cm en los tres años, pero era el proveedor de piedras para las marchas de protestasy los tubos servían de refugio en la rupestre batalla.

Cuando había mucho lío, iba a buscar a mi hijo menor al colegio, y nos veníamos a pie, lejos de la Alameda para evitar los gases que no dejaban ver n i menos respirar y ni siquiera en la noche se podía estar tranquila pues no faltaba el “compañero” (así se nombraban entre ellos) que diera noticias de su existencia haciendo gárgaras con el juguetito con gatillo repartido con generosidad. 

Una señora en Talcahuano que se “consiguió”, pues las cosas no se compraban, se conseguían a cambio de otras, un saco de azúcar cubana, se llevó el susto de su vida con la yapita que venía en su interior… un AK no sé cuánto.

Allende fue alejado de la realidad por la camarilla comunista, ellos gobernaban y se limitaban a asegurar que el descontento popular era orquestado por la ITT y la CIA. No puedo saber cuánto bebía, pero yo lo vi en una cadena nacional de TV sentado arriba del escritorio de la presidencia columpiando los pies tartajeando un “compañeros” con trabazón de mandíbulas propia del borracho ¡y soy experta en medidas de etilismo! Lo vi yo y por eso lo cuento.

Fuera de los comunistas, ayudaban a su aislamiento los GAP (Grupo de Amigos Personales), grupo paramilitar que le custodiaba y andaban armados de metralletas en unos autos FIAT azules. La única vez que le divisé, casi me atropellan por salir a toda velocidad del garaje, frente a Morandé 80.

Todos estábamos hasta la coronilla con el desorden, el abuso, el mercado negro y la incertidumbre del futuro, con amenazas de una reforma extraña en la educación que desde el nombre prometía días peores “ENU” (Escuela Nacional Unificada). Asesinaron, entre otros, a un cadete de la Escuela Militar por andar de uniforme, fue un mexicano rápidamente expulsado a su país. Héctor Lacrampettre Calderón era el nombre del cadete, a quien, fuera de su familia, probablemente nadie recuerde.

Fue un tiempo duro y amargo, de un costo humano terrible, con héroes y villanos, el cual, un 80% de las personas deseaba que terminara y recibió con júbilo el 11 de septiembre y quien diga lo contrario es un canalla mentiroso.

La Unidad Popular I, comienzan los problemas

Unidad Popular, así se llamó el conglomerado gobiernista, integrado por comunistas, socialistas y radicales.

Una vez que salió Salvador Allende de presidente, los más informados y con medios, se fueron del país, permitiendo a quienes tenían dinero hacer la pesca milagrosa de grandes propiedades y diversos bienes liquidados a vil precio. Con pena recuerdo que el español don Blas, donde compraba el pan, me ofreció una propiedad en la parte norte de Maitencillo en Eº50.000, lo que luego equivaldría a $5.000, oferta que perdimos por la cautela de mi marido.

Para el cambio de mando hubo grandes festejos como de costumbre. De países comunistas mandaron delegaciones y nunca olvidaré el shock que tuve y el escalofrío premonitorio que sentí ese día al ver parado en la escalinata de la Biblioteca Nacional a un barbón en uniforme verde oliva, con boina y metralleta al brazo, artefacto este que infortunadamente se ha convertido en parte del paisaje urbano pero que en ese tiempo era símbolo de circunstancias terribles así es que no se veían corrientemente… hasta entonces. No soy dada a adjudicarme premoniciones pero cuando lo vi pensé ¿qué nos irá a pasar ahora? Y abracé a mis hijos menores con quienes andaba y eran niñitos.


Once de septiembre de 1973. Caída de Allende


Para quienes tenemos buena memoria, el 11 de septiembre seguirá teniendo especial relevancia y jamás olvidaremos las reales causas que provocaron este terrible quiebre en la vida de tantas personas y todo lo que cuenten para tergiversar la historia vale para los ignorantes y malintencionados que son demasiados.

Allende fue un personaje de gran ambición de protagonismo más que de poder ¡y vaya que lo logró! Por tres veces salió derrotado y cuando logró la presidencia dejó hacer y pasar lo que sus socios comunistas quisieran.

Antes de la elección del democratacristiano Frei Montalva, hubo una elección complementaria y salió por amplia mayoría un diputado de apellido Naranjo lo que hizo que se retirara Julio Durán, candidato de la derecha, para que sus votos pasaran a Frei y así nos vimos obligados a votar por este personaje que a causa de sus ambiciones personales permitió que el socialista Allende fuese ungido, dando base para todo lo que vino después. Toda mi vida me he arrepentido de haber votado por ese tipo.

El cálculo de Frei fue que Allende y su camarilla iban a hacer un gobierno tan desastroso que a la próxima elección se volvía a presentar de candidato y regresaba a gobernar en gloria y majestad. Luego, en la debacle apoyó el pronunciamiento militar y estaba radiante mandando recados a los milicos para encabezar el gobierno pero se quedaron con las ganas y ahora niegan y reniegan de su real apoyo inicial, pero ahí están los documentos indesmentibles y la Historia y la Verdad ya tendrán su hora.

Fiestas Patrias de mediados del siglo XX








Desde siempre recuerdo la celebración del 18, antiguamente con mucho jolgorio y una real integración ciudadana. Por supuesto no faltaban ramadas y juegos populares siendo el palo ensebado, la principal atracción, pues en su remate había un codiciado billete de $10. Había campeones de artimañas para hacerse de aquella mágica suma que tal vez les permitiría comprar algo de carne, una camisa, sintiéndose héroes por un día y con poder para gastar algo en las fondas. Los conocedores dominaban los trucos, no se apresuraban por ser los primeros en competir pues sabían que nadie lo lograría al primer intento y así se aseguraban de tener bastante limpia la base del palo. Cuando ya estaba en su punto atacaban los campeones, previamente bien revolcados en la tierra para tener adherencia y descalzos trepaban como monos. 

Era ordenanza pintar las casas, lo que no acarreaba gasto pues se hacía una lechada de cal con paleta de tuna y las puertas y ventanas se pintaban con azul añil, usado en el lavado para dejar más luciente el blanco. 

Para las señoritas pudientes era casi de rigor estrenar vestidos. Queña Urrutia, una amiga mayor de mi suegra, contaba que a principios del siglo 20, junto con llegar septiembre estrenaban vestido de seda y zapatos blancos. El punto negro de estas fiestas ha sido desde siempre las borracheras con las secuelas que esto trae. Al calor de los tragos se armaban unas peleas espantosas que se resolvían rápidamente a combos y navajazos. 

Tengo muy vívido el recuerdo de haber visto a un hombre a la vera del camino con un ojo en la mano, chorreando sangre mientras lo contemplaba incrédulamente. Ahora están más civilizados, se matan con droga o autos desbocados  en vez de cuchillos, usan revólveres directo a la cabeza. 

No faltaba el desfile. Como no era muy fácil conseguir la banda de la Escuela de Artillería, se echaba mano a lo que había, los boy scouts con sus pitos y tamboriles con un jefe que tenía una corneta, marcaban el compas con todo su juvenil brío. Total casi todos los mayores habían prestado el servicio militar así es que tenían la marcialidad en el ADN. Los escolares limpios y ordenados pues se corría la voz y llegaba alguien con shampoo, jabón, etc.

No había uniformes, las niñas usaban un delantal blanco y los muchachos usaban pantalón corto hasta bien avanzada la pubertad. Desfilaban los huasos, los seis carabineros (no necesitaban estar de servicio pues nadie se desmadraba en ese momento) los taxista, los carabineros jubilados, los tractores y colosos con jovencitos que aprovechaban la ocasión para darle agarrones a las muchachitas.

miércoles, 28 de julio de 2010

Veinterriales, lecturas y suscripciones, educación difícil



Esta versión de Heidi NO es la que yo leía, pero es la que conocieron mis nietos

Como podría olvidar a un personaje de nuestra niñez que apodaban “El Veinte Reales” y que pronunciábamos como “veinterriales”. Era una persona que parecía sacada de un cuento. Le faltaba un brazo y medio pie así es que usaba una especie de zueco de suela y la manga de la chaqueta le flotaba, hirsuto de mechas, de ojos rojos, perpetuamente a medio filo, furibundo, llegaba al infierno cuando se le daba su mal nombre (si es que tenía uno cristiano nunca lo supimos) montaba una mula tan mañera como su dueño, que espoleaba con furia cuando con Wanda y el Chalo, desde la seguridad del portón de nuestra casa, le gritábamos “Veinterriales-veinterriales”, al mismo tiempo que le hacíamos “las tamañas” como se les decía a la denigrante seña cabalística pero cuyo significado, ignorábamos totalmente.

El “Veinterriales” negociaba en animales y arrendaba un potrero vecino a nuestra casa y nuestro único temor era encontrárnoslo en el camino y que nos correteara con su mula de pesadilla. Decían que había perdido sus miembros en un accidente provocado para que el FFCC le pagara. Vaya uno a saber la verdad.

Según sé su mote se debía a la ocasión en que se fue a emplear y al tratar el sueldo ofertado -15 PESOS- pero él dijo que se ocupaba por arcaicos "veinte reales", sellando su destino y sepultando su nombre cristiano.
***

En nuestra casa había abundancia de libros. Eran ediciones económicas de la editorial Nascimiento o Ercilla pero que nos permitían estar al tanto de las últimas novedades literarias. Los autores de ese tiempo no se refocilaban en descripciones altamente eróticas así es que eran aptas para todos público. Había escritores de primera fila como Kipling, Stevenson, Dostoiewski  o Mark Twain y muchos que eran de menos fama pero buenos como Maugham, Cronin y muchos que se me escapan.

Teníamos suscripciones de revistas para todas las edades. “Margarita”, “Familia” y “Paral té” eran de mamá: “Roji-Negro” y “El Peneca” eran de Olito, mi padre, esta última muy disputada con el elemento infantil,

Quecha recibía una de formato pequeño llamada “Aventura”. El Tito recibía el “Popular Mechanics” editado en castellano y cuando salió el “Readers”, pese a ser un instrumento de propaganda según Olito, no se dejaba de comprar.

Imposible  no recordar la desaprensión de nuestros padres respecto a nuestras andanzas. Salíamos a los potreros, nos bañábamos en calzones en cualquier acequia, comíamos fruta verde con sal, pasábamos frente a perros desconocidos sin asomo de miedo. Éramos los “chiquillos chicos” de quienes no había por qué preocuparse.

Mis hermanos Wanda y Chalo eran especialmente cerriles, yo era más reservada, me gustaba aislarme a leer y leer lo que caía en mis manos. Muchas partes no entendía y me desagradaba que en lo único en que pensaran fuera en el amor pues lo encontraba una lata. Entre los autores para niñas de 12-15 años, edades aún consideradas de niñez, había autores como Delly –escribidor de novelitas rosa con puras ladies muy puras- ¡cómo caería muerto otra vez si resucitara! Florence Barclay, de empalagosos novelones pero más aterrizados; Eugenia Marlit, alemana de fines de siglo 19, con lindas historias. Johanna Spiry, no recuerdo cuanto, con Heidi sin cachetes colorados ni "Abuelito dime tú", pero encantadora e inolvidable, leída en arriendo constante en las monjas alemanas.

Clases sociales del campo chileno. Servicio doméstico.

Seguimos con los recuerdos de mi madre que de otro modo se perderían. Ahora le toca a una meditación que no se daba cuando sucedía porque a nadie le importaba demasiado. Las cosas no eras seccionadas como ahora, y si bien hubo injusticias establecidas, también hubo bondad, preocupación y sobre todo una relación más humana, poco comprensible con parámetros actuales.

Este prólogo es mío. Ale.


No podría olvidar el profundo respeto de toda la gente hacia nosotras por el sólo hecho de ser “las señoritas” o para nuestros trabajadores “las patroncitas”. Niñas y niños podían andar por caminos despoblados o por los potreros sin que se nos pasase por la mente que hubiese algún peligro en la persona, ni siquiera en la mirada del hombre que pasaba –incluso borrachos decían, perdone patroncita como voy y se sacaban el sombrero- una contestaba –gracias, siga su camino. 

Visto con ojos actuales esa servidumbre les coartaba sus potenciales de voluntad pero quienes les despojaron de ella, sólo les dieron a cambio un discurso de odio, codicia, envida y amargura que no les aportó más que el paroxismo de ira en que reventó todo.

Ahora, con algo de sociología, sin poder jactarme de mucho conocimiento, podemos pensar que nací en una clase agraria media-alta. Íbamos a colegios de pago de primer nivel, nuestra ropa era de muy buena calidad, raras veces de géneros nacionales, exceptuando paños de Bellavista-Tomé. Teníamos una casa elegante, la vajilla francesa “Blue de roí”, cuchillería Christofle y cristalería Val Saint Lambert. Los amoblados aún se pueden apreciar en las casas de los descendientes. 

Con abundante servidumbre: había una cocinera, una niña de mano o sea, la que hacía aseo, camas y servía a la mesa. Para los niños estaban las nanas encargadas de vestir, mudar, dar de comer y hacer dormir al infante, la Carmela era la de Wanda y Rosa Gutiérrez, la del Chalo. El mozo de los mandados tenía asignado un caballo y se encargaba de picar leña, bombear agua del pozo y acarrearla a la cocina, lavar los patios y sacar la leche.  Por si fuera poco, había una cocinera de los trabajadores que funcionaba fuera de la casa. 

Cuando se necesitaba iba la Laura a coser sábanas, calzones, manteles de cocina, vestidos, en fin. Así éramos pero nadie se fijaba en esas categorías y uno era sencillo sin ser amigo pero sin altanería sabiendo cada uno su lugar. 

Es cosa de estos tiempos la estratificación tan feroz que se ha instalado en la mente y corazón de la gente. La ropa se mandaba a lavar fuera y había una lavandera para la ropa de los niños y otra para la de la casa y adultos, se pagaba por docena y era una cuenta muy alambicada  pues una sábana eran dos piezas, cuatro servilletas = 1 pieza y los monstruosos manteles de la mesa eran 4 piezas. Confieso que yo no hubiese lavado a mano y planchado esos inmensos manteles a menos que hubiese sido otro el trato pero esas pobres mujeres aceptaban el trato corriente pues mi madre no era abusiva con la servidumbre, al contrario, siempre fue una pionera de la cuestión de la ayuda social.

Higiene, regalos navideños, hospitalidad campesina, ropa rústica

Continuando con la serie "Recuerdo que..." hago la segunda entrega de los recuerdos de mi madre. Ella los escribe a mano y mi hermana Pía los transcribe para subirlos. YO, con la venia de mi mamá, retoco algunos términos que pueden ser confusos, o algo de la sintaxis o puntuación por el mismo motivo, pero hecho con todo respeto para la autora.


Recuerdo también lo no tan idílico ni bucólico -el desaseo de la gente- niños hirsutos llenos de piojos con los mocos colgando. Pese a las deficiencias de la educación pública, a lo largo de los años  ha logrado inculcar hábitos de higiene y deseo de vivir de un modo más decente. 

¿Podría olvidar a los niños de 1 a 3 años vestidos con una camisola de lona harinera, “pioncos” o sea sin calzón ni pañal haciendo sus necesidades donde les viniera en gana sin complicaciones de ropa que lavar? A veces era necesidad y muchas otras solamente flojera de madres chasconas y abúlicas esperando que el marido trajese “la ración” o sea el litro de porotos  guisados que se les entregaba en su lugar de trabajo a la hora del almuerzo. Muchas otras sí se preocupaban de sus casas, siempre afanando en su huerta donde no faltaban las coles para mejorar los porotos, acelgas, cebollas, ají, ajos y cilantro. En sus gallineros proliferaban los pollos y gallinas de cogote pelado con justa fama de ser buenas madres, también las trintres o sea con las plumas desordenadas que les daba un aspecto crespo y divertido. 

Recuerdo con afecto su sencilla hospitalidad campesina, al llegar siempre ofrecían agua con harina tostada servida en unos vasos grandes llamados “potrillos”. Tenían unas toscas banquetas y unas mesas que eran un cajón azucarero vuelto al que añadían patas. Cubrían la mesa con una carpeta de lona harinera, artículo proveedor de infinidad de prendas del ajuar hogareño. De ahí salían sábanas y fundas, camisas y calzoncillos, enaguas, toallas y calzones, delantales, manteles, cortinas y más de alguna mortaja. 

Esas bolsas eran de algodón de muy buena calidad, así es que duraban mucho, la desventaja podía ser que en la intimidad se leyera “molino tal” en el trasero del dueño de los calzoncillos, que eran de pierna larga, atados con una tira al tobillo, sin marrueco ni botones. En el delantero tenían una pieza triangular que se ataba a la cintura con una tira. 

Sé estas interioridades masculinas del bajo pueblo pues mamá -antes que doña Juanita de Aguirre Cerda, Primera Dama de la Nación , empezara dar regalos para Navidad- se les regalaba a los trabajadores camisas y calzoncillos, pero de fábrica, sin el alegre logo posterior. Eran de un grueso género llamado tocuyo, además un cartón de cigarrillos “Gangas”. Las camisas eran cuadrillé de colores vivos, sin cuello, sólo con una pieza abotonada por cuello. A las mujeres se les regalaba un corte de percal para blusa, un kilo de yerba mate y un kilo de azúcar; a las niñas unas muñecas bastantes feecitas de cartón piedra y a los varones, pelotas y para todos, dulces y a cada familia un paquete de carne de cazuela.

martes, 27 de julio de 2010

Recuerdo que...... Las comunicaciones antes de la TV e Internet

Comienza acá una nueva sección llamada: Recuerdo que.... formada por cosas que voy recordando sin un hilo conductor muy planificado, pero que dan noticias de unos tiempos ya idos con una velocidad vertiginosa, más rápido mientras más años pasan.


Un mundo casi sin crónica roja. A veces se sabía de robos en un gallinero donde los chuzcos ladrones dejaban su aviso destacado “a las dos de la mañana quedó viudo el gallo”. 


En otras ocasiones eran crímenes horribles como el del Chacal de Nahueltoro en que un limítrofe mató primero a la madre (que le había dado pan y cama) y luego a cinco niños “para que no sufrieran huachitos*” fue su explicación. 


De este tipo de informaciones se encargaba la revista Vea que escarbaba por todo Chile para encontrar las noticias más truculentas. Los diarios serios, como  El Mercurio y el Diario Ilustrado, no descendían a esas informaciones.


En un planeta sin TV, sólo la radio nos comunicaba con el mundo y era realmente un canal de cultura, con locutores de exquisita y natural dicción, con conferencistas, o charlistas, como se les llamaba. Desde muy pequeña recuerdo a mi papá sintonizando a un argentino apellidado Soiza Railly. 


Durante la 2ª Guerra, oíamos en onda corta a la Deutshe Welle con las informaciones siempre optimistas de los frentes donde se desangraban millones por ambas partes. Parece que tengo en mis oídos las campanadas con que daban cuenta de la cantidad de barcos hundidos al enemigo. Expectación especial merecían los partes de la campaña de África donde mi héroe –Rommel- era un dios. 


Gracias a la radio adquirí el gusto por la música clásica, sin despreciar tangos ni boleros que al bailar nos permitía una cercanía totalmente vedada para niñas bien y esto sin permitirse un abrazo demasiado estrecho pues siempre había una madre, tía o solterona que con una mirada ponía 10 cm de distancia entre la niña y el varón con arrestos de don Juan. 


En la radio había emisiones de conversación, ayuda social, consejos y comentarios de actualidad que se llamaban “La hora de”; entre las más famosas estaba la de Mariíta Bürhle y Nibaldo Iturriaga. Ella era hija de una pareja de comediantes de buena familia que dieron el feroz campanazo “de dedicarse a saltimbanquis, por Dios niña”. Hay una calle en Vicuña Mackenna que se llama Arturo Burhle. Ella era Elena Puelma. 


Estaba Ramón Prieto con “La hora de las dos horas”, la escuchaba a diario a la hora de la siesta cuando nadie disputaba la radio. El leía obras clásicas y así uno adquiría un poco de cultura, aprendiendo a hablar de una manera más educada y no solamente con los giros propios de la ruralidad circundante.


Muchos años después, viviendo en Santiago, a última hora de la noche, Beco Baytelman, padre de Schlomit, leía pasajes de escritores modernos, los sudamericanos, del realismo mágico y ese tipo y era una buena compañía que a esa hora de absoluta paz y soledad, tenía el poder de llevarme a mundos más amables y acordes con mi ser y sentir.

*Huacho, huachitos= huérfanos

domingo, 14 de marzo de 2010

Epa y Tinito en una delicada misión



Una vez más Tinito y Epa estaban en problemas, a su modo de ver, dificultades totalmente injustas o de mala interpretación, pues al escucharse con calma sus razones estas serían comprensibles, de peso y clara realidad.

Todo empezó temprano con una aglomeración que se produjo a las puertas del Cielo. Por aquellas absurdas causas terrenales se juntaron cientos de candidatos y san Pedro estaba totalmente sobrepasado en anotarlos con su tinta de oro y bella caligrafía: Tinito y Epa son comedidos, sacaron agua de una bella nube rosa y la añadieron al estanque tintero pensando que al ser mas delgada la capa de oro se podría acelerar la escritura y completar rápidamente el trabajo, san Pedro quedaría desocupado y ellos averiguarían si entre los recién llegados habría un goleador, refuerzo que ello necesitaban urgentemente en su equipo de fútbol.

En su inicio no se notó el cambio, pero lentamente empezaron a palidecer los listados. San Pedro suspiró, restregó sus ojos, acercó la nariz al Libro, rascó su cabeza mientras la movía desconcertado pensando que había sucedido lo imposible: estar viejo, achacoso y cegato en el Cielo. Afortunadamente, a un querubín ayudante se le ocurrió ir a ver el estanque descubriendo la causa del desaguisado.

Ya conocemos los pasos a seguir: san Pedro indignado, acusaciones ante el consejo y penitencia para los culpables. En atención a que fue sin afán de travesura pero con interés de beneficio, se les mandó que por 5 minutos –tiempo del Cielo- volver a la tierra y buscar a quién hacer feliz.

Antes de partir a su misión hubieron de pasar por el taller de vestuario y ornato, permitiendo que las angelitas compusieran túnicas, sandalias, alas y aureolas siempre a maltraer a causa de los movidos partidos disputados. Mortificante era el aguantar la semi sonrisas y la musiquita entonada entre dientes por las diligentes angelitas, que si bien no se reían de ellos (algo de extrema grosería en la etiqueta celestial) sabían que sus atuendos servirían de ejemplo de cómo no debe presentarse un angelito.

Entre recomendaciones y abrazos de los del equipo de fútbol partieron renuentes a la tierra, pues aún recordaban su traumática experiencia con Peyo y Payo, revoltosos gemelos que ayudaron a cuidar algún tiempo.

Volaron mirando por plazas, casas y colegios encontrando mucha gente que no se sentía feliz, pero en general, su desdicha partía por codicia o envidia de bienes materiales causa que ellos mismos podían corregir siendo severos con su conciencia.

Volando, volando, quedaron enganchados en una cancha de fútbol en que se desarrollaba un interesante partido entre equipos de muchachitos de 10 a 12 años. Recordando su misión, no dejaban de mirar por si encontraban a alguien a quién ayudar, fijándose en un niño sentado en una silla de ruedas que miraba al resto de sus compañeros con una cara tristísima. Como pueden penetrar los pensamientos le escucharon decir: _¿Ay, ¿por qué no podré jugar? Sería tan lindo tomar la pelota, dejar atrás a uno, dos, tres jugadores y meter un gol con pelota, portero y dos defensas de yapa, pero acá estoy encadenado a mi silla al borde de la cancha_ Sabiendo que era un deseo puro, sin celos ni envidia, comenzaron a idear como ayudarle pues no estaba sn autorizados para hacer milagros espectaculares. Mientras pensaban y pensaban, los parciales metieron un gol de media cancha (nosotros sabemos que Epa contribuyó con su celestial puntapié para alegrar a Pepito, que así se llamaba el niño). El chico reía y aplaudía feliz, coreando las canciones del equipo. Con el celestial oído de nuestros amiguitos que les encanta cantar, captaron la belleza de su voz y lo afinado de su tono. Rápidamente, insinuaron al director del equipo que se acercara a decir algo a Pepito, escuchándole y de inmediato le nombró jefe de la barra con guaripola, uniforme y pompones incluidos. ¡Y aquello fue felicidad pura! En los sucesivos partidos Pepito era el primero en subir al bus, e instalarse en la cancha pues sus compañeros aseguraban que les traía suerte con sus estimulantes cánticos. Más de una anciano decía con voz grave al escucharle_” A este niño, le ha besado un ángel”_ ¿y Tinito y Epa.? Miraban desde el borde del acampo deportivo saltando felices con los triunfos y como son ángeles no podían decir “árbitro saquero” sino que murmuraban : _”Señor árbitro”_ con muy agrio tono cuando no estaban de acuerdo con la sanción.

Cumplida su misión regresaron al Cielo, retomaron sus obligaciones en el Aleluya Fútbol Club, enseñando nuevas tácticas de ataque y defensa aprendidas en su obligada estadía terrenal.

Y colorín colorado este cuento se ha  acabado; pasó por un zapatito roto ¡y otro día les cuento otro!…..

domingo, 7 de febrero de 2010

Epa y Tinito con los gemelos






No hubo que decirle nada a San Pedro, de lejos vio el fulgor de la flamígera espada de San Miguel Arcángel. Sabia que algo gordo sucedía pues ese lugar recóndito era severamente custodiado y casi nadie lo visitaba. Ahí se guardaban las reliquias antiguas y objetos del corazón como las Tablas de la Ley, el Arca de la Alianza, las Siete Trompetas de Josué y una caja traída por los reyes magos donde la Virgen guarda sus tesoros de mamá: los primeros zapatitos de Jesús Niño, un diente de leche, y alguna camisola.......

Hay una sección de siete sellos donde se guardan unas largas y hermosas trompetas jamás usadas y cuyo destino es en la mente de la Santísima Trinidad. Al ser tan importante esta misión les está encomendada a San Miguel Arcángel, Santiago Apóstol y San Jorge, todos de probadas aptitudes guerreras y armados con espadas de llamas.

Cuando San Pedro se dirigía a averiguar que pasaba, casi le atropellan nuestros amiguitos que venían disparados y volando como con hipo pues aun no se les reponían debidamente las alas de la desplumada sufrida luego de su última tratada. Quien mas podría ser sino ellos metiéndose donde no debían? Decía San Pedro. Mohínos y contritos una vez más hubieron de comparecer frente al Consejo que se miraban consternados sin atinar a darles una penitencia que les hiciera adquirir algo de cordura. Ese día estaba la Virgen presidiendo y mientras los santos pensaban una solución para el  caso número treinta de Tinito y Epa, ella con su voz de agua clara dijo: “debemos darles responsabilidades”. “Res... resp... respooonsabilidades?? dijo San Pedro, llevándose las manos a la cabeza y atropellándose la aureola. – Sí, dijo la Virgen, hemos recibido un pedido de auxilio de los Santos Ángeles Custodios de unos gemelos y creemos que Tinito y Epa lo harán muy bien de reemplazantes mientras los titulares regresan por un tiempito al Cielo.

Les enviaron a la sección de Ornato y Reparación, donde las angelitas -entre sonrisitas de desaprobación y caras mohínas de los afectados-  les terminaron de arreglar las alas para tener un vuelo adecuado a su misión.

Partieron felices y muy dispuestos a cumplir perfectamente. Mas que penitencia parecía premio; cooperarían con los titulares ayudándoles a mantener sanos y salvos a un par de niños encantadores; podrían tener unos deliciosos partidos de fútbol; les podrían sugerir algunas jugadas del Pulpo Galáctico; mantendrían alejado a Oscuro, un personaje indeseable siempre al acecho. En fin, sería una agradable forma de no molestar a San Pedro y no buscarse problemas.

Al momento de ponerse al lado de sus pupilos Peyo y Payo, fueron rodeados por siete muchachos que les perseguían para pegarles por unas pequeñas diferencias de opinión con los gemelos. Por la tarde, ya sabían que no sería muy pacífica su misión. Peyo tenía un ojo en tinta, y Payo un raspón en el codo, pero los matones habían arrancado con su prestigio disminuido. A los gemelos, el fútbol no les interesaba, les gustaba otro deporte que practicaban, con unos trajes que parecían inflados y unos cascos con rejas. Todos partían en estampidas para caer amontonados, sobre los descalabrados Tinito y Epa, que, aunque no sienten dolor, quedaban con sus túnicas y alas en la miseria. Otros días iban a un lugar donde luchaban, pateaban, gritaban y salían disparados por los aires, y ahí debían estar prontos para ponerse de colchón para amortiguar los porrazos de sus protegidos.

Su esperanza era que cuando se fueran a dormir los muchachos tendrían una pausa de volar y vigilar sin pausa ni descanso. Vana ilusión, pues eran sonámbulos, y trepaban árboles y tejados como gatos perseguidos por una jauría. 

De Oscuro nunca se supo, pues su malicia y astucia sabía que más valía mantenerse lejos de ese potente huracán que eran los gemelos. De vez en cuando los afligidos ángeles miraban al Cielo con la esperanza de ver retornar a los titulares. Y así pasaba el tiempo entre carreras,soponcios, y apachurramientos, mientras ellos cumplían fielmente su misión con increíble responsabilidad, tal como dijo la Santísima Virgen.

Llegó el momento en que retornaron los titulares, muy repuestos y arreglados por los de Ornato y Reparación, y ellos pusieron emprender el retorno al Cielo. ¡Ay, el Cielo!, ¡Ir de nube en nube y recostarse en un arrebol!, ¡Jugar con un arco iris, cantarle al Señor, convidarse con el Pulpo a un buen partido de fútbol!, ¡Saber que las plumas resplandecen, las alas tersas, la túnica en su lugar…! No molestar a San Pedro. Pero, ¿saben algo? San Pedro extrañaba el suspenso de los correteos de los pequeños, y pensaba que en algún momento iban a volver a meter su nariz en su portería, con sus buenos propósitos olvidados en el baúl de los recuerdos.

Epa y Tinito juegan al fútbol en el Cielo


Hacía un instante que algo incomodaba a San Pedro.  Esa era la sensación que se siente en el estómago cuando algo no anda bien, ignorándose el motivo. Como sabemos, los instantes celestiales equivalen a dos o tres días, y él cavilaba repasando sus pasos y acciones de esos momentos y más se enredaba pues habían sido días corrientes de arribo de los elegidos para gozar del Cielo. Caso muy raro, hasta nuestros amiguitos Epa y Tinito ni se asomaban a saludar a los recién llagados, ¡CASO MUY RARO!. San Pedro paró tan súbitamente su frenético paseo que sus llaves tintinearon de tal forma que el ángel Ayudante Seleccionador acudió presuroso pensando que sería una grave emergencia, y sí que lo era! Un poco más tranquilo pidió a un ángel mensajero que ubicara a ambos angelitos y los trajese con urgencia a su presencia.
Mucho demoró en la diligencia pues estaban en un lugar bastante remoto. Se veían radiantes de felicidad golpeando con el pie una pelota de nubes, enviándola a las manos de un angelito moreno parado bajo un pequeño arcoíris. Al darles el recado abrieron mucho los ojoso, suspiraron y tomados de la mano con el negrito se presentaron ante San Pedro. – Y este ángel, ¿quién es que no lo conozco? Tinito con un hilo de voz le presentó al Pulpo Galáctico - ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? gritó San Pedro. Y ahí salió la verdad pura y clara. Su nombre real era Joao Guscelinho Pereira Dos Santos Augernho, brasileño – el mejor meta del mundo, a quien en cientos de partidos no le pasaron más de media docena de goles y de ahí su nombre futbolero. El día que llegó al Cielo ellos estaban cerca, lo reconocieron y conversando y conversando le habían entrado inadvertidamente y desde entonces andaban jugando sin notar cómo había pasado el tiempo.
Esta falta era grave y como ese día había consejo de Santos, allá llegó San Pedro con los traviesos. El Pulpo Galáctico no tenía culpa, así que se quedó en la portería charlando de fútbol.
Una vez expuesta la nueva trastada de los angelitos, los santos estuvieron de acuerdo que merecían una severa sanción; ponerles de cabeza en una nube había demostrado no ser efectivo pues se habían dedicado a inventar bailes. Alguien sugirió retirarles la aureola pero San Isidro Labrador dio una mejor idea al recordar que en la tierra cuando una gallina acostumbra a volarse del gallinero se le recortan algunas plumas del ala para desestabilizarlas haciéndolas caer. Rápidamente se les despojó de una buena cantidad de plumas y se les mandó irse.
Ellos pensaron que había sido sencilla la sanción y trataron de alejarse volando y ahí fue el ridículo celestial. Tinito caía de bruces o de espalda y Epa volaba en círculos o de cabeza y así hubieron de resignarse a permanecer muy sentaditos, mirando como el resto de sus compañeros disfrutaba lanzando pelotazos al Pulpo Galáctico quien quedó definitivamente en el cielo lego de regularizar su entrada en el libro de oro de San Pedro, quien dichoso había olvidado esa incómoda sensación de desorden en su armoniosa portería.

Y colorín colorado…

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cuento para una noche tormentosa


Para saber y contar y escuchar para aprender, eran que se era una tarde de mucho ajetreo en el cielo. La Virgen deseaba hacer unos cambios en la disposición de los muebles y citó a varios angelitos para que cooperasen en mover aparadores, sillones, palios, escabeles y roperos.
Entre los llamados había dos muy vivarachos que siempre andaban metidos en problemas; no eran malos (¡no podían serlo siendo habitantes del cielo!) sino que atarantados, o sea que no pensaban en las consecuencias de sus travesuras. Uno era Tinito y el otro Epa, cuyo nombre real era la Epaminondas, un nombre largo y muy serio para un pequeño angelito constantemente metido en problemas. Del otro nombre nadie recordaba el origen, por Tinito quedó en el libro de oro de San Pedro y no había razón para andar haciendo más averiguaciones.

Con San Pedro vivían en constantes escaramuzas, a veces le pasaban páginas de su listado y se desordenaba la fila de los que recién llegaban y deseaban entrar rapidito al cielo. Otras veces se escapaban a la tierra y regresaban despeinados, con la aureola chueca sobre sus cabezas y con la hermosa túnica fulgurante completamente entierrada, seña segura que habían cooperado con los jugadores de un deporte inventado recientemente, hacía un par de horas celestiales y que llaman fútbol. Al momento de comentar, los relatores de la tierra decían que ese equipo había jugado como los ángeles, mientras ellos reían felices sentados en la nube más blanca comentando los pases logrados.

El día en que se les pasó la mano en sus travesuras fue cuando escondieron el libro de la portería, aprovechando que san Pedro dormitaba, en un momento que no había llegado nadie. Poco le duró la siesta pues se comenzaron a agolpar las almas; algunos empujaban, había jóvenes que gritaban pidiendo prisa, muchos esperaban mansamente y callados, tal como lo hicieron en la tierra. De inmediato san Pedro calculó quienes eran los autores del desaguisado y les trajo de un ala y de cada coscacho recibido, volaban varias plumas. El castigo fue severo pues les mandó a ordenar la fila y que le explicaran a cada uno la causa del atraso, como venían llegando de la tierra, no conocían los modales celestiales, recibieron retos, pellizcos, malas palabras y más tirones de ala, luego san Pedro les mandó ponerse de cabeza por dos segundos en la nube más negra. Todos sabemos que en el cielo una hora son 60 años, un minuto es un año y un segundo es..... bueno, otro días sacamos cuentas, pero es un castigo severo y la Virgen que les quiere mucho y anda siempre tratando de disculparles sus travesuras, también les regañó y eso sí que les causó pena y arrepentimiento por su trastada. Como son alegres y optimistas, mientras cumplían su castigo, movían las patitas y flexionaban las piernas acompasadamente en un baile imaginario.

Cuando realmente recuerdan que son ángeles es al momento que santa Cecilia les llama para cantarle al Señor y sus voces son unas campanitas de oro, plata y cristal que entonan la felicidad de estar pra siempre cerca de Dios y al oirlos hasta san Pedro les sonríe.

Como aman profundamente a la Virgen, están felicies cuando les manda trasladar los muebles pero no miden sus fuerzas y al arrastrarles, derriban los grandes roperos y alacenas y entonces es cuando retumba el cielo y en la tierra dicen "Está tronando" pero es la cooperación ruidosa de Tinito y Epa a la mudanza. al verlos de tan buena voluntad, la Virgen sonríe con dulzura y su risa se vuelve lluvia que riega los campos y todo florece y ella piensa "no son traviesos, son atarantados".

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado, pasó por un zapatito roto para otro día contarles otro.

NOTA: Si quieren conocer a Tinito y Epa, vean unos cuadros del pintor Rafael donde les tomó de modelo.

(No le digan a nadie, pero yo se los muestro acá si pinchan este enlace*)

Dedicado a mis nietecitos Ignacito, Vicentín y Martina, mis bisnietitos Sofía, Isabel y Arturo y para todos los que vengan. Con cariño su vieja TATAY

jueves, 6 de noviembre de 2008

Veterano de la Gran Guerra ha fallecido en Villa Alegre

El lunes 1º de noviembre ha fallecido en mi pueblo, Villa Alegre de Loncomilla, don Rodolfo Ladurner Toggler a los 88 años de edad. Lo que podría ser una noticia anodina y esperable es destacable por haber sido él, durante la Segunda Guerra Mundial, un distinguido soldado del Ejercito Alemán, miembro del Afrika Korps -división de élite en una Fuerza Armada extraordinaria.
Nacido en el Tirol -Austria- su dominio del italiano y dialectos tiroleses le sirvió para ser adscrito como radiocomunicador y traductor bajo el mando del Mariscal Rommel, por quien siempre guardó una profunda veneración y respeto.
Luego de la retira de Africa y muerte de Rommel fue destinado al transporte de carga y municiones entre Alemania e Italia, misión terriblemente riesgosa en una situación de suyo complicada.
Hastiado de Europa, sus conflictos, sus miserias físicas y morales, se vino al último país del mapa y recaló en este pequeño pueblo que lo acogió con simpatía y respeto permitiéndole olvidar el horrible paréntesis que fue en su vida el conflicto en que se vio envuelto, como todos los jóvenes alemanes de su edad y generación.
Con tesón y modestia se labró una situación económica holgada que le permitió vivir tranquilo sus últimos años. Contrajo matrimonio en la zona y nunca comentó su paso por la guerra, sabedor que esos acontecimientos tremendos eran irreales para quien vivió en un mundo rústico y apartado.
Sus últimas semanas de vida se vieron ensombrecidas por la pintura de signos nazis en su casa. Sentía temor que le tildaran de criminal de guerra para ganar una recompensa, sin tomar en cuenta que sólo fue un muchacho más entre tantos millones, que fue llamado a cumplir su obligación con la patria y que si estaban inscritos en las organizaciones juveniles era a causa de los tiempos más que por ideología.
Viajó en diversas ocasiones a Europa y prefirió regresar a una comunidad simple donde encontró paz y alegría y que lo acogió como lo que era: un ser humano.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Recopilando con la Familia en mis 80 Años

PALABRAS DE LA TATAY POR LOS OCHENTA


El llegar a este cumpleaños da licencia para ser impertinente, al decir de una prima de mi padre, pero no teman que les de una prolongada lata, solo es el natural deseo de agradecer esta hermosa reunión, el cariño, preocupación y organización requerida.

No puedo dejar de dar gracias a Dios al verles aquí reunidos, mis seis hermosos, generosos y vivaces hijos, mis lindas nueras tan atentas y respetuosas, a Nelson, verdadero hijo político pródigo de hospitalidad, a mi hermana presente a mi lado en alegrías y tristezas, a mis amados nietos, cada uno con un especial lugar en mi corazón y a Mariana y Sofía que lo han ensanchado más aún.

Dicen que los viejos son sabios, de lo que no tengo mucha certeza, tal vez la sabiduría consista en haber aprendido a golpes algunas lecciones básicas y que como cada uno las debe ir adquiriendo rudamente, se mira como sapiente a quien por fin las asimiló.  Entre lo poco aprendido les uedo confiar que se que no todo es blanco o negro, qe siempre se puede encontrar bondad en la gente.  A estas alturas se ha aprendido a aceptar, muchas veces a regañadientes, las cicatrices de las escaramuzas de la vida y que esta sin asomos de ternura y humor es un desierto muy duro de atravesar.

Miro a la generación que me releva y les veo como firmes cimientos para las que vienen a la zaga; Ale y Nelson con su entrañable unión, ejemplo en tiempos veleidosos; Sole con su alegría y generosidad; Iván y Elena con su firmeza y perseverancia han remontado duras pruebas y cumplido altas metas; René arrostrando valientemente su duro camino; Pía tan luchadora, tenzas y espontánea; David y Vero padres cariñosos y dedicados son un hermoso ejemplo para mis nietos y los chiquitos.

A los nietos les puedo decir que no le tengan miedo a la vida ni a dar vida, que las dificultades siempre pasan y se olvidan.  si la vida les da tiempos duros no lo lamenten, vean en ellos la oportunidad de fortalecerse y crecer, les quedará la satisfacción de haber sido capaces de vender la adversidad y si son casados, el enfrentar juntos las crisis les dará mayor solidez a su compromiso al mantenerse unidos.

Les agradezco su trato siempre deferente, cariñoso y respetuoso, de mis hijos no he recibido una palabra ruda y si alguna vez han tenido que hacerme alguna observación ha sido con tino y respeto.

Les sugeriría que sería algo muy lindo que trataran de juntarse todos en la vieja casa familiar, tal vez por los días del aniversario del Viejo que cae en éopoca más suelta para todos.

Desde lo m´s profundo de mi corazón le doy gracias a Dios por todas las bendiciones que prodigó en mi vida y de ellas la más especial, hermosa y bendita son ustedes, mi familia.