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domingo, 7 de febrero de 2010

Epa y Tinito juegan al fútbol en el Cielo


Hacía un instante que algo incomodaba a San Pedro.  Esa era la sensación que se siente en el estómago cuando algo no anda bien, ignorándose el motivo. Como sabemos, los instantes celestiales equivalen a dos o tres días, y él cavilaba repasando sus pasos y acciones de esos momentos y más se enredaba pues habían sido días corrientes de arribo de los elegidos para gozar del Cielo. Caso muy raro, hasta nuestros amiguitos Epa y Tinito ni se asomaban a saludar a los recién llagados, ¡CASO MUY RARO!. San Pedro paró tan súbitamente su frenético paseo que sus llaves tintinearon de tal forma que el ángel Ayudante Seleccionador acudió presuroso pensando que sería una grave emergencia, y sí que lo era! Un poco más tranquilo pidió a un ángel mensajero que ubicara a ambos angelitos y los trajese con urgencia a su presencia.
Mucho demoró en la diligencia pues estaban en un lugar bastante remoto. Se veían radiantes de felicidad golpeando con el pie una pelota de nubes, enviándola a las manos de un angelito moreno parado bajo un pequeño arcoíris. Al darles el recado abrieron mucho los ojoso, suspiraron y tomados de la mano con el negrito se presentaron ante San Pedro. – Y este ángel, ¿quién es que no lo conozco? Tinito con un hilo de voz le presentó al Pulpo Galáctico - ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? gritó San Pedro. Y ahí salió la verdad pura y clara. Su nombre real era Joao Guscelinho Pereira Dos Santos Augernho, brasileño – el mejor meta del mundo, a quien en cientos de partidos no le pasaron más de media docena de goles y de ahí su nombre futbolero. El día que llegó al Cielo ellos estaban cerca, lo reconocieron y conversando y conversando le habían entrado inadvertidamente y desde entonces andaban jugando sin notar cómo había pasado el tiempo.
Esta falta era grave y como ese día había consejo de Santos, allá llegó San Pedro con los traviesos. El Pulpo Galáctico no tenía culpa, así que se quedó en la portería charlando de fútbol.
Una vez expuesta la nueva trastada de los angelitos, los santos estuvieron de acuerdo que merecían una severa sanción; ponerles de cabeza en una nube había demostrado no ser efectivo pues se habían dedicado a inventar bailes. Alguien sugirió retirarles la aureola pero San Isidro Labrador dio una mejor idea al recordar que en la tierra cuando una gallina acostumbra a volarse del gallinero se le recortan algunas plumas del ala para desestabilizarlas haciéndolas caer. Rápidamente se les despojó de una buena cantidad de plumas y se les mandó irse.
Ellos pensaron que había sido sencilla la sanción y trataron de alejarse volando y ahí fue el ridículo celestial. Tinito caía de bruces o de espalda y Epa volaba en círculos o de cabeza y así hubieron de resignarse a permanecer muy sentaditos, mirando como el resto de sus compañeros disfrutaba lanzando pelotazos al Pulpo Galáctico quien quedó definitivamente en el cielo lego de regularizar su entrada en el libro de oro de San Pedro, quien dichoso había olvidado esa incómoda sensación de desorden en su armoniosa portería.

Y colorín colorado…

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cuento para una noche tormentosa


Para saber y contar y escuchar para aprender, eran que se era una tarde de mucho ajetreo en el cielo. La Virgen deseaba hacer unos cambios en la disposición de los muebles y citó a varios angelitos para que cooperasen en mover aparadores, sillones, palios, escabeles y roperos.
Entre los llamados había dos muy vivarachos que siempre andaban metidos en problemas; no eran malos (¡no podían serlo siendo habitantes del cielo!) sino que atarantados, o sea que no pensaban en las consecuencias de sus travesuras. Uno era Tinito y el otro Epa, cuyo nombre real era la Epaminondas, un nombre largo y muy serio para un pequeño angelito constantemente metido en problemas. Del otro nombre nadie recordaba el origen, por Tinito quedó en el libro de oro de San Pedro y no había razón para andar haciendo más averiguaciones.

Con San Pedro vivían en constantes escaramuzas, a veces le pasaban páginas de su listado y se desordenaba la fila de los que recién llegaban y deseaban entrar rapidito al cielo. Otras veces se escapaban a la tierra y regresaban despeinados, con la aureola chueca sobre sus cabezas y con la hermosa túnica fulgurante completamente entierrada, seña segura que habían cooperado con los jugadores de un deporte inventado recientemente, hacía un par de horas celestiales y que llaman fútbol. Al momento de comentar, los relatores de la tierra decían que ese equipo había jugado como los ángeles, mientras ellos reían felices sentados en la nube más blanca comentando los pases logrados.

El día en que se les pasó la mano en sus travesuras fue cuando escondieron el libro de la portería, aprovechando que san Pedro dormitaba, en un momento que no había llegado nadie. Poco le duró la siesta pues se comenzaron a agolpar las almas; algunos empujaban, había jóvenes que gritaban pidiendo prisa, muchos esperaban mansamente y callados, tal como lo hicieron en la tierra. De inmediato san Pedro calculó quienes eran los autores del desaguisado y les trajo de un ala y de cada coscacho recibido, volaban varias plumas. El castigo fue severo pues les mandó a ordenar la fila y que le explicaran a cada uno la causa del atraso, como venían llegando de la tierra, no conocían los modales celestiales, recibieron retos, pellizcos, malas palabras y más tirones de ala, luego san Pedro les mandó ponerse de cabeza por dos segundos en la nube más negra. Todos sabemos que en el cielo una hora son 60 años, un minuto es un año y un segundo es..... bueno, otro días sacamos cuentas, pero es un castigo severo y la Virgen que les quiere mucho y anda siempre tratando de disculparles sus travesuras, también les regañó y eso sí que les causó pena y arrepentimiento por su trastada. Como son alegres y optimistas, mientras cumplían su castigo, movían las patitas y flexionaban las piernas acompasadamente en un baile imaginario.

Cuando realmente recuerdan que son ángeles es al momento que santa Cecilia les llama para cantarle al Señor y sus voces son unas campanitas de oro, plata y cristal que entonan la felicidad de estar pra siempre cerca de Dios y al oirlos hasta san Pedro les sonríe.

Como aman profundamente a la Virgen, están felicies cuando les manda trasladar los muebles pero no miden sus fuerzas y al arrastrarles, derriban los grandes roperos y alacenas y entonces es cuando retumba el cielo y en la tierra dicen "Está tronando" pero es la cooperación ruidosa de Tinito y Epa a la mudanza. al verlos de tan buena voluntad, la Virgen sonríe con dulzura y su risa se vuelve lluvia que riega los campos y todo florece y ella piensa "no son traviesos, son atarantados".

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado, pasó por un zapatito roto para otro día contarles otro.

NOTA: Si quieren conocer a Tinito y Epa, vean unos cuadros del pintor Rafael donde les tomó de modelo.

(No le digan a nadie, pero yo se los muestro acá si pinchan este enlace*)

Dedicado a mis nietecitos Ignacito, Vicentín y Martina, mis bisnietitos Sofía, Isabel y Arturo y para todos los que vengan. Con cariño su vieja TATAY

viernes, 3 de agosto de 2007

Despertar

Comienzo ahora a publicar algunos escritos de mi madre,
Irma Rodríguez Nuss.

En general sus historias son basadas en la vida real; tomadas de las biografías de sus antepasados, parientes o gente de su pueblo, Villa Alegre, en Chile central; siempre elaboradas en una mezcla donde su creatividad le permite delinear a sus personajes en forma nítida, reconociéndose rasgos muy comunes a toda una generación de personas provincianas del siglo XX, tanto de origen popular como de las clases pudientes, tan íntimamente mezcladas en estas historias.

Me enorgullece haber hecho que se decidiera a escribir las cosas que siempre ha relatado oralmente tan bien, para que quede fija una versión para nosotros.

Con todo amor y admiración:
Su hija Alejandra.



Despertar

Hay tantas cosas que dan vueltas en mi cabeza, que no puedo encontrar una idea o razón que me dé el valor para enfrentar otro día.Todo me gira y vuelve como en destellos de un globo de espejos. Como siempre me ha gustado escribir mis dudas y problemas para aclararlos, así lo haré una vez más.

Ha sido un tiempo tan revuelto, duro y doloroso que me parece haber vivido tres vidas en los últimos meses.¡Cuándo podríamos haber pensado que lo hermoso, único y glorioso en su inicio, habría de transformarse en tanta tristeza, angustia y soledad!

Tú te llevaste la fama, el cartel y la envidia de tus compañeros -¡eras un hombre!- atrás quedaba la sequedad de tu mano para compartir tus vuelos eróticos.En mi cuerpo encontraste el anillo preciso para apaciguar tus ansias y fue nuestro delirio y fuego de besos y caricias cada vez más atrevidas las que nos llevaron a compartir una fiebre que nunca imaginamos.

Para ti fue la gloria,para mí, el horror, la sangre, la soledad, el llanto y esta pena que arrastro día a día sin encontrar alivio o consuelo. Todo comenzó con el registro frenético de mis ropas, buscando en ellas la señal de que no ocurría lo que estaba temiendo, pero al paso de las semanas debí convencerme que los juegos prohibidos siempre traen consecuencias.

Abuelita fue la primera y única en advertir que algo andaba mal conmigo. Siempre fui su favorita por ser su única bisnieta;compartía su casa con mis padres y ella me “educó a la antigua” como decía y es la causa de mi dificultad para usar el lenguaje de mi generación -que te provocaba tanta risa- porque no me sale natural el querís-tenís-cachai.

Abuelita empezó a decirles que la niña no estaba bien, que algo pasaba;¡y claro que pasaba de todo en casa! El papá se había ido por ene vez con otra tipa.La mamá unió las matemáticas y las clases de religión al caer en cuenta que sus años sumaban la edad de Cristo:entró en pánico y decidió “vivir su vida”.Acortó sus polleras, sacó su ombligo al aire, ocupaba mis jeans, entraría a la universidad y viajaría.Nuestras vidas eran un desastre total porque ellos no asumían sus responsabilidades. La Gigi-mi abuela real- que se negó siempre a ese título “que no le hacía ningún honor a sus poco más de cuarenta años y le restaba oportunidades”, había encontrado una vez más al hombre de su vida y entre happy hours y gimnasios, sólo tenía tiempo para venir una vez al mes a buscar el dinero que Abuelita le daba.

Abuelita insistía en que algo andaba mal conmigo, pero ellos seguían en sus mundos y problemas.Todo reventó cuando me paré a escape de la mesa para ir a vomitar;me siguieron y les dije la verdad. ¡Ahí sí que se armó! Todos me gritaban al unísono por inconsciente, loca y ordinaria.la Gigi le dió el ataque de “¡¡YO-YO-bisabuela!! bruta-bruta ¿qué pensabas hacerme?”;el papá alegaba que él era el único que cumplía sus obligaciones pagando lo que debía y estos eran líos de mujeres. Ahí fue cuando Abuelita también gritó y fuerte. La Gigi le dijo que era una patética vagabunda cincuentona a la caza de gigolós que se cansaban de sacarle dinero; al papá que era un zángano cuyo mayor trabajo y mérito era haberse casado con una mujer rica; a la mamá que creciera de una vez, pues de esta situación con el papá eran los principales culpables.

Tanto lío enfermó a Abuelita y hubo que llevarla a la clínica, quedando yo sola frente a ellos cuando te negaste a acompañarme en lo que asegurarte era asunto de mi familia.

Luego vinieron las reuniones de los tres donde decidieron lo que era “mejor” para mí. Habían encontrado un médico "muy bueno" que me sacaría de mi problema. Llorando a gritos les imploré que por piedad encontraran otra forma de ayudarme. Fue inútil y una mañana me llevaron a esa horrible casa, donde desperté sola y adolorida, con el cuerpo desgajado, sin saber de dónde venía tanto dolor. Me levanté al baño y sentí a la muerte arañando mis entrañas. A mis gritos acudió alguien y no supe de mí hasta después de una semana.

Cuando regresé a casa, habían internado a Abuelita en un hogar “pues se había puesto violenta”, siéndoles muy fácil conseguir la firma de Edmundo -su otro hijo- para declararla interdicta.Total ellos lo único que deseaban era hacerse cargo de la administración de los bienes.

Antes que muriera, alcancé a verla y nos abrazamos con toda la infinita ternura, amor y compasión que sentíamos la una por la otra. En sus últimos consejos encontré alguna fuerza para seguir adelante. Me hizo ver que mi gran culpa en esta situación fue la imprudencia de adentrarme por caminos que nunca debí iniciar. Me informó que hacía años en notaría me había asegurado los medios para ser independiente y estudiar lo que deseara.

Cuando murió y su abogado leyó el testamento, casi se volvieron locos de rabia pero nada podían hacer y ahora soy -o mejor dicho seré en cuatro años más- muy rica, pero creo que tendré más criterio que mamá o la Gigi pues está en mí el espíritu de Abuelita.

Entré a otro colegio. Mis compañeras de tan seria me encuentran fome, pero regia de flaca. A nadie he contado ni contaré lo que hicimos ni lo que viví.

Ahora has vuelto a aparecer en mi vida; lentamente empezaste a rondar haciéndote el encontradizo y tuviste cara para tratar de besarme y empezar una vez más el jueguito ¿Puedes imaginarlo siquiera? Tú sigues siendo un muchacho y yo soy una mujer vuelta del infierno; talvez nunca pueda tener un hijo y pasarán muchos años antes que pueda enfrentar una relación, pues si para ti fui como un trofeo -tu corona de macho- para mi fue el dolor, la amargura y la desolación, porque, ¿sabes?, cuando expulsé ese cuajarón doloroso que hubo de ser una criatura, aún tenía vida que se extinguió en mis manos, tan levemente como el vuelo del vilano o el suspiro de una mariposa: Tu hazaña; mi hijito...