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domingo, 14 de marzo de 2010

Epa y Tinito en una delicada misión



Una vez más Tinito y Epa estaban en problemas, a su modo de ver, dificultades totalmente injustas o de mala interpretación, pues al escucharse con calma sus razones estas serían comprensibles, de peso y clara realidad.

Todo empezó temprano con una aglomeración que se produjo a las puertas del Cielo. Por aquellas absurdas causas terrenales se juntaron cientos de candidatos y san Pedro estaba totalmente sobrepasado en anotarlos con su tinta de oro y bella caligrafía: Tinito y Epa son comedidos, sacaron agua de una bella nube rosa y la añadieron al estanque tintero pensando que al ser mas delgada la capa de oro se podría acelerar la escritura y completar rápidamente el trabajo, san Pedro quedaría desocupado y ellos averiguarían si entre los recién llegados habría un goleador, refuerzo que ello necesitaban urgentemente en su equipo de fútbol.

En su inicio no se notó el cambio, pero lentamente empezaron a palidecer los listados. San Pedro suspiró, restregó sus ojos, acercó la nariz al Libro, rascó su cabeza mientras la movía desconcertado pensando que había sucedido lo imposible: estar viejo, achacoso y cegato en el Cielo. Afortunadamente, a un querubín ayudante se le ocurrió ir a ver el estanque descubriendo la causa del desaguisado.

Ya conocemos los pasos a seguir: san Pedro indignado, acusaciones ante el consejo y penitencia para los culpables. En atención a que fue sin afán de travesura pero con interés de beneficio, se les mandó que por 5 minutos –tiempo del Cielo- volver a la tierra y buscar a quién hacer feliz.

Antes de partir a su misión hubieron de pasar por el taller de vestuario y ornato, permitiendo que las angelitas compusieran túnicas, sandalias, alas y aureolas siempre a maltraer a causa de los movidos partidos disputados. Mortificante era el aguantar la semi sonrisas y la musiquita entonada entre dientes por las diligentes angelitas, que si bien no se reían de ellos (algo de extrema grosería en la etiqueta celestial) sabían que sus atuendos servirían de ejemplo de cómo no debe presentarse un angelito.

Entre recomendaciones y abrazos de los del equipo de fútbol partieron renuentes a la tierra, pues aún recordaban su traumática experiencia con Peyo y Payo, revoltosos gemelos que ayudaron a cuidar algún tiempo.

Volaron mirando por plazas, casas y colegios encontrando mucha gente que no se sentía feliz, pero en general, su desdicha partía por codicia o envidia de bienes materiales causa que ellos mismos podían corregir siendo severos con su conciencia.

Volando, volando, quedaron enganchados en una cancha de fútbol en que se desarrollaba un interesante partido entre equipos de muchachitos de 10 a 12 años. Recordando su misión, no dejaban de mirar por si encontraban a alguien a quién ayudar, fijándose en un niño sentado en una silla de ruedas que miraba al resto de sus compañeros con una cara tristísima. Como pueden penetrar los pensamientos le escucharon decir: _¿Ay, ¿por qué no podré jugar? Sería tan lindo tomar la pelota, dejar atrás a uno, dos, tres jugadores y meter un gol con pelota, portero y dos defensas de yapa, pero acá estoy encadenado a mi silla al borde de la cancha_ Sabiendo que era un deseo puro, sin celos ni envidia, comenzaron a idear como ayudarle pues no estaba sn autorizados para hacer milagros espectaculares. Mientras pensaban y pensaban, los parciales metieron un gol de media cancha (nosotros sabemos que Epa contribuyó con su celestial puntapié para alegrar a Pepito, que así se llamaba el niño). El chico reía y aplaudía feliz, coreando las canciones del equipo. Con el celestial oído de nuestros amiguitos que les encanta cantar, captaron la belleza de su voz y lo afinado de su tono. Rápidamente, insinuaron al director del equipo que se acercara a decir algo a Pepito, escuchándole y de inmediato le nombró jefe de la barra con guaripola, uniforme y pompones incluidos. ¡Y aquello fue felicidad pura! En los sucesivos partidos Pepito era el primero en subir al bus, e instalarse en la cancha pues sus compañeros aseguraban que les traía suerte con sus estimulantes cánticos. Más de una anciano decía con voz grave al escucharle_” A este niño, le ha besado un ángel”_ ¿y Tinito y Epa.? Miraban desde el borde del acampo deportivo saltando felices con los triunfos y como son ángeles no podían decir “árbitro saquero” sino que murmuraban : _”Señor árbitro”_ con muy agrio tono cuando no estaban de acuerdo con la sanción.

Cumplida su misión regresaron al Cielo, retomaron sus obligaciones en el Aleluya Fútbol Club, enseñando nuevas tácticas de ataque y defensa aprendidas en su obligada estadía terrenal.

Y colorín colorado este cuento se ha  acabado; pasó por un zapatito roto ¡y otro día les cuento otro!…..

domingo, 7 de febrero de 2010

Epa y Tinito con los gemelos






No hubo que decirle nada a San Pedro, de lejos vio el fulgor de la flamígera espada de San Miguel Arcángel. Sabia que algo gordo sucedía pues ese lugar recóndito era severamente custodiado y casi nadie lo visitaba. Ahí se guardaban las reliquias antiguas y objetos del corazón como las Tablas de la Ley, el Arca de la Alianza, las Siete Trompetas de Josué y una caja traída por los reyes magos donde la Virgen guarda sus tesoros de mamá: los primeros zapatitos de Jesús Niño, un diente de leche, y alguna camisola.......

Hay una sección de siete sellos donde se guardan unas largas y hermosas trompetas jamás usadas y cuyo destino es en la mente de la Santísima Trinidad. Al ser tan importante esta misión les está encomendada a San Miguel Arcángel, Santiago Apóstol y San Jorge, todos de probadas aptitudes guerreras y armados con espadas de llamas.

Cuando San Pedro se dirigía a averiguar que pasaba, casi le atropellan nuestros amiguitos que venían disparados y volando como con hipo pues aun no se les reponían debidamente las alas de la desplumada sufrida luego de su última tratada. Quien mas podría ser sino ellos metiéndose donde no debían? Decía San Pedro. Mohínos y contritos una vez más hubieron de comparecer frente al Consejo que se miraban consternados sin atinar a darles una penitencia que les hiciera adquirir algo de cordura. Ese día estaba la Virgen presidiendo y mientras los santos pensaban una solución para el  caso número treinta de Tinito y Epa, ella con su voz de agua clara dijo: “debemos darles responsabilidades”. “Res... resp... respooonsabilidades?? dijo San Pedro, llevándose las manos a la cabeza y atropellándose la aureola. – Sí, dijo la Virgen, hemos recibido un pedido de auxilio de los Santos Ángeles Custodios de unos gemelos y creemos que Tinito y Epa lo harán muy bien de reemplazantes mientras los titulares regresan por un tiempito al Cielo.

Les enviaron a la sección de Ornato y Reparación, donde las angelitas -entre sonrisitas de desaprobación y caras mohínas de los afectados-  les terminaron de arreglar las alas para tener un vuelo adecuado a su misión.

Partieron felices y muy dispuestos a cumplir perfectamente. Mas que penitencia parecía premio; cooperarían con los titulares ayudándoles a mantener sanos y salvos a un par de niños encantadores; podrían tener unos deliciosos partidos de fútbol; les podrían sugerir algunas jugadas del Pulpo Galáctico; mantendrían alejado a Oscuro, un personaje indeseable siempre al acecho. En fin, sería una agradable forma de no molestar a San Pedro y no buscarse problemas.

Al momento de ponerse al lado de sus pupilos Peyo y Payo, fueron rodeados por siete muchachos que les perseguían para pegarles por unas pequeñas diferencias de opinión con los gemelos. Por la tarde, ya sabían que no sería muy pacífica su misión. Peyo tenía un ojo en tinta, y Payo un raspón en el codo, pero los matones habían arrancado con su prestigio disminuido. A los gemelos, el fútbol no les interesaba, les gustaba otro deporte que practicaban, con unos trajes que parecían inflados y unos cascos con rejas. Todos partían en estampidas para caer amontonados, sobre los descalabrados Tinito y Epa, que, aunque no sienten dolor, quedaban con sus túnicas y alas en la miseria. Otros días iban a un lugar donde luchaban, pateaban, gritaban y salían disparados por los aires, y ahí debían estar prontos para ponerse de colchón para amortiguar los porrazos de sus protegidos.

Su esperanza era que cuando se fueran a dormir los muchachos tendrían una pausa de volar y vigilar sin pausa ni descanso. Vana ilusión, pues eran sonámbulos, y trepaban árboles y tejados como gatos perseguidos por una jauría. 

De Oscuro nunca se supo, pues su malicia y astucia sabía que más valía mantenerse lejos de ese potente huracán que eran los gemelos. De vez en cuando los afligidos ángeles miraban al Cielo con la esperanza de ver retornar a los titulares. Y así pasaba el tiempo entre carreras,soponcios, y apachurramientos, mientras ellos cumplían fielmente su misión con increíble responsabilidad, tal como dijo la Santísima Virgen.

Llegó el momento en que retornaron los titulares, muy repuestos y arreglados por los de Ornato y Reparación, y ellos pusieron emprender el retorno al Cielo. ¡Ay, el Cielo!, ¡Ir de nube en nube y recostarse en un arrebol!, ¡Jugar con un arco iris, cantarle al Señor, convidarse con el Pulpo a un buen partido de fútbol!, ¡Saber que las plumas resplandecen, las alas tersas, la túnica en su lugar…! No molestar a San Pedro. Pero, ¿saben algo? San Pedro extrañaba el suspenso de los correteos de los pequeños, y pensaba que en algún momento iban a volver a meter su nariz en su portería, con sus buenos propósitos olvidados en el baúl de los recuerdos.

Epa y Tinito juegan al fútbol en el Cielo


Hacía un instante que algo incomodaba a San Pedro.  Esa era la sensación que se siente en el estómago cuando algo no anda bien, ignorándose el motivo. Como sabemos, los instantes celestiales equivalen a dos o tres días, y él cavilaba repasando sus pasos y acciones de esos momentos y más se enredaba pues habían sido días corrientes de arribo de los elegidos para gozar del Cielo. Caso muy raro, hasta nuestros amiguitos Epa y Tinito ni se asomaban a saludar a los recién llagados, ¡CASO MUY RARO!. San Pedro paró tan súbitamente su frenético paseo que sus llaves tintinearon de tal forma que el ángel Ayudante Seleccionador acudió presuroso pensando que sería una grave emergencia, y sí que lo era! Un poco más tranquilo pidió a un ángel mensajero que ubicara a ambos angelitos y los trajese con urgencia a su presencia.
Mucho demoró en la diligencia pues estaban en un lugar bastante remoto. Se veían radiantes de felicidad golpeando con el pie una pelota de nubes, enviándola a las manos de un angelito moreno parado bajo un pequeño arcoíris. Al darles el recado abrieron mucho los ojoso, suspiraron y tomados de la mano con el negrito se presentaron ante San Pedro. – Y este ángel, ¿quién es que no lo conozco? Tinito con un hilo de voz le presentó al Pulpo Galáctico - ¿Qué? ¿Quién? ¿Cómo? gritó San Pedro. Y ahí salió la verdad pura y clara. Su nombre real era Joao Guscelinho Pereira Dos Santos Augernho, brasileño – el mejor meta del mundo, a quien en cientos de partidos no le pasaron más de media docena de goles y de ahí su nombre futbolero. El día que llegó al Cielo ellos estaban cerca, lo reconocieron y conversando y conversando le habían entrado inadvertidamente y desde entonces andaban jugando sin notar cómo había pasado el tiempo.
Esta falta era grave y como ese día había consejo de Santos, allá llegó San Pedro con los traviesos. El Pulpo Galáctico no tenía culpa, así que se quedó en la portería charlando de fútbol.
Una vez expuesta la nueva trastada de los angelitos, los santos estuvieron de acuerdo que merecían una severa sanción; ponerles de cabeza en una nube había demostrado no ser efectivo pues se habían dedicado a inventar bailes. Alguien sugirió retirarles la aureola pero San Isidro Labrador dio una mejor idea al recordar que en la tierra cuando una gallina acostumbra a volarse del gallinero se le recortan algunas plumas del ala para desestabilizarlas haciéndolas caer. Rápidamente se les despojó de una buena cantidad de plumas y se les mandó irse.
Ellos pensaron que había sido sencilla la sanción y trataron de alejarse volando y ahí fue el ridículo celestial. Tinito caía de bruces o de espalda y Epa volaba en círculos o de cabeza y así hubieron de resignarse a permanecer muy sentaditos, mirando como el resto de sus compañeros disfrutaba lanzando pelotazos al Pulpo Galáctico quien quedó definitivamente en el cielo lego de regularizar su entrada en el libro de oro de San Pedro, quien dichoso había olvidado esa incómoda sensación de desorden en su armoniosa portería.

Y colorín colorado…

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Cuento para una noche tormentosa


Para saber y contar y escuchar para aprender, eran que se era una tarde de mucho ajetreo en el cielo. La Virgen deseaba hacer unos cambios en la disposición de los muebles y citó a varios angelitos para que cooperasen en mover aparadores, sillones, palios, escabeles y roperos.
Entre los llamados había dos muy vivarachos que siempre andaban metidos en problemas; no eran malos (¡no podían serlo siendo habitantes del cielo!) sino que atarantados, o sea que no pensaban en las consecuencias de sus travesuras. Uno era Tinito y el otro Epa, cuyo nombre real era la Epaminondas, un nombre largo y muy serio para un pequeño angelito constantemente metido en problemas. Del otro nombre nadie recordaba el origen, por Tinito quedó en el libro de oro de San Pedro y no había razón para andar haciendo más averiguaciones.

Con San Pedro vivían en constantes escaramuzas, a veces le pasaban páginas de su listado y se desordenaba la fila de los que recién llegaban y deseaban entrar rapidito al cielo. Otras veces se escapaban a la tierra y regresaban despeinados, con la aureola chueca sobre sus cabezas y con la hermosa túnica fulgurante completamente entierrada, seña segura que habían cooperado con los jugadores de un deporte inventado recientemente, hacía un par de horas celestiales y que llaman fútbol. Al momento de comentar, los relatores de la tierra decían que ese equipo había jugado como los ángeles, mientras ellos reían felices sentados en la nube más blanca comentando los pases logrados.

El día en que se les pasó la mano en sus travesuras fue cuando escondieron el libro de la portería, aprovechando que san Pedro dormitaba, en un momento que no había llegado nadie. Poco le duró la siesta pues se comenzaron a agolpar las almas; algunos empujaban, había jóvenes que gritaban pidiendo prisa, muchos esperaban mansamente y callados, tal como lo hicieron en la tierra. De inmediato san Pedro calculó quienes eran los autores del desaguisado y les trajo de un ala y de cada coscacho recibido, volaban varias plumas. El castigo fue severo pues les mandó a ordenar la fila y que le explicaran a cada uno la causa del atraso, como venían llegando de la tierra, no conocían los modales celestiales, recibieron retos, pellizcos, malas palabras y más tirones de ala, luego san Pedro les mandó ponerse de cabeza por dos segundos en la nube más negra. Todos sabemos que en el cielo una hora son 60 años, un minuto es un año y un segundo es..... bueno, otro días sacamos cuentas, pero es un castigo severo y la Virgen que les quiere mucho y anda siempre tratando de disculparles sus travesuras, también les regañó y eso sí que les causó pena y arrepentimiento por su trastada. Como son alegres y optimistas, mientras cumplían su castigo, movían las patitas y flexionaban las piernas acompasadamente en un baile imaginario.

Cuando realmente recuerdan que son ángeles es al momento que santa Cecilia les llama para cantarle al Señor y sus voces son unas campanitas de oro, plata y cristal que entonan la felicidad de estar pra siempre cerca de Dios y al oirlos hasta san Pedro les sonríe.

Como aman profundamente a la Virgen, están felicies cuando les manda trasladar los muebles pero no miden sus fuerzas y al arrastrarles, derriban los grandes roperos y alacenas y entonces es cuando retumba el cielo y en la tierra dicen "Está tronando" pero es la cooperación ruidosa de Tinito y Epa a la mudanza. al verlos de tan buena voluntad, la Virgen sonríe con dulzura y su risa se vuelve lluvia que riega los campos y todo florece y ella piensa "no son traviesos, son atarantados".

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado, pasó por un zapatito roto para otro día contarles otro.

NOTA: Si quieren conocer a Tinito y Epa, vean unos cuadros del pintor Rafael donde les tomó de modelo.

(No le digan a nadie, pero yo se los muestro acá si pinchan este enlace*)

Dedicado a mis nietecitos Ignacito, Vicentín y Martina, mis bisnietitos Sofía, Isabel y Arturo y para todos los que vengan. Con cariño su vieja TATAY

domingo, 5 de agosto de 2007

"Ópera" para Nachete

He aquí otro modo de expresar por escrito el cariño de mi madre. Se trata de una "ópera" escrita para un exigente publico: su nieto Ignacio, mi sobrino de cinco años que, aburrido, pedía unos versos de rimas muy claras. Mi vieja le puso un plus y le hizo una obra musical.

Los personajes los interpretábamos ella como el malo, y el joven;, Ignacio --que movía unos juguetes-- y yo, que era la niña. Salió muy simpático. Al menos para mí es un hermoso recuerdo.


"ÓPERA"

Personajes:
Niña-Joven-Malo

Acto único.

Malo:
Soy Ruperto el apuesto
aunque tuerto,
no estoy muerto
y robaré a esa niña
aunque provoque una riña.

Niña:
Engelberto, mi doncel
espolea tu corcel
que viene ese viejo malo
a robar mi mano

Joven:
¡Jamás eso pasará!
mi espada le ensartará,
el trasero le pinchará
¿y cómo se sentará?

Malo:
Peeeerdóón-perdóóóón
huyo pues soy cobardón.

Niña y Joven:
¡Ahora seremos felices
y vamos a comer perdices!


De Tatay para Ignacio.
Villa Alegre, 22.07.2007